Banderita negra o banderita azul ¿Cuál prefieres?

Banderita negra o banderita azul ¿Cuál prefieres?
La turisficación se ha convertido ya en un problema en muchas zonas de costa en España. Afectando no solo a los habitantes, también al medio ambiente

Durante los años de la crisis se habló mucho de la necesidad de cambiar el modelo económico español hacia uno que dependiera menos del turismo. Pero lo cierto es que unos años después la situación no ha mejorado, todo lo contrario. Ya se habla del término turisficación para hacer referencia a un fenómeno que no es único de España, pero que tiene un impacto muy negativo a nivel ambiental y social.

El turismo sigue ganando peso

El sol, la playa, la gastronomía, la cultura, y el hecho de tener precios notablemente más bajos que otros países, convierten a España en un gran atractivo turístico para ciudadanos de cualquier parte del mundo, especialmente para los europeos.

Este innegable atractivo se manifiesta en una crecida constante del número de visitantes que recibe el país y el peso que gana el turismo en el PIB.

A finales de 2018 los datos revelaban que el turismo tenía un peso del 11,7 % en el PIB, habiendo estado en continuo crecimiento en los últimos cinco años. La consecuencia más inmediata es que es ya una de las ramas económicas que más empleo genera.

Sin embargo, no se trata de empleo de calidad. En la mayoría de los casos quienes trabajan en actividades relacionadas con el turismo, lo hacen a través de contratos temporales que finalizan una vez termina la temporada estival.

¿Es tan grave depender únicamente del turismo?

Cada vez más estudios y expertos coinciden en señalar que sí. De hecho, son ya muchas las voces que abogan por un cambio en el modelo turístico hacia una versión más sostenible. Pero antes de profundizar en esta materia conviene analizar el lado menos positivo del turismo.

Impacto ambiental del turismo

El impacto ambiental en el turismo se produce a muchos niveles. Un caso muy claro es Barcelona, la Ciudad Condal recibe cada día en su puerto a grandes buques de crucero que transportan miles de personas. Para poder hacerlo se han tenido que ampliar los puertos, perdiendo litoral. Por otra lado, es innegable que todos esos buques emiten partículas contaminantes a la atmósfera y contaminan las aguas con sus desechos y vertidos.

En los 80 la gente veraneaba en Torremolinos o Benidorm, pero las típicas zonas de playa están ya tan saturadas que no cabe un edificio más. La consecuencia directa es que la construcción se ha desplazado hasta pueblos más alejados de la playa, acabando así con importantes enclaves naturales para dar cabida a más turistas y visitantes.

Impacto económico

La dependencia del turismo como actividad económica en el Mediterráneo llega a ser en algunas zonas hasta del 90 %. Es decir, que prácticamente la totalidad de la actividad de los negocios de esta región está vinculada con la actividad turística: restaurantes, tiendas de regalos, empresas de actividades al aire libre, etc.

La consecuencia inmediata de esto, es que en las épocas de bajada del nivel de visitantes estas zonas notan un importante empobrecimiento a nivel económico.

No hay que olvidar que el turismo es una actividad muy vinculada a otros factores que no se pueden controlar, como los precios del petróleo, la aparición de nuevos destinos de moda o incluso la irrupción de destinos más baratos, como pasó hace unos años con Túnez.

Todo esto implica que puede llegar el momento en que España ya no resulte tan atractiva a nivel turístico para los extranjeros. Esto supondría un importante golpe para la economía y un repunte del desempleo.

A medida que los pueblos de interior se van convirtiendo también en zonas para turistas, van perdiendo sus medios tradicionales de vida, causando un grave daño a las economías locales.

Impacto social

Una de las consecuencias más directas de la turistificación es que los habitantes de las ciudades y pueblos más visitados casi se ven obligados a marcharse. Es un fenómeno muy ligado con la gentrificación.

Los turistas buscan alojarse en el mejor lugar, cuanto más a pie de playa mejor. La consecuencia directa es que los habitantes locales se encuentran con una importante subida de los precios que les impide comprar o incluso alquilar una casa en la que ellos sí que van a vivir todo el año.

Uno de los ejemplos más graves de este fenómeno se vive en Ibiza. La isla balear recibe cada año miles de turistas en la temporada estival y necesita reforzar su plantilla de médicos y personal sanitario en general. Sin embargo, muchos sanitarios se niegan a desplazarse a la isla por la dificultad de encontrar un alojamiento a un precio asequible.

El problema afecta incluso a quienes residen en Ibiza durante todo el año. Muchos inquilinos se quejan de que los propietarios de viviendas solo se las alquilan entre octubre y mayo. Agotado ese plazo tienen que dejar la casa para que el propietario le pueda sacar un mayor rendimiento económico alquilándola a turistas.

Que una ciudad reciba miles de turistas es un gran problema para sus habitantes, que se enfrentan a numerosos problemas más allá de la subida de los precios: aumento de la delincuencia, peor mantenimiento de la ciudad, dificultades para moverse tanto en transporte público como en transporte privado, etc.

El triste fenómeno de la bandera negra

Las banderas azules destacan aquellas playas que tienen más calidad, atendiendo a factores como la calidad del agua y de la arena, los servicios o la accesibilidad. En contraposición, Ecologistas en Acción presenta desde hace ya algunos años su informe de Banderas Negras.

Este documento analiza los 8000 kilómetros de costas españolas y destaca aquellas que tienen el dudoso honor de tener más contaminación debido a la mala gestión ambiental. Se adjudica una bandera negra por cada provincia con litoral y otras dos más en Ceuta y Melilla.

El objetivo final es que las personas sean conscientes de los graves daños medioambientales que causa un crecimiento desaforado del turismo como el que se está viviendo.

Año tras año este informe destaca que no se consigue un cambio de mentalidad, todo lo contrario. Si el hotel El Algarrobico en Almería fue una auténtica aberración contra la naturaleza hace más de una década, ahora se pueden encontrar casos similares como el proyecto del nuevo puerto de San Vicente de la Barquera.

Vertidos sin depurar que acaban en las playas, acumulación de plásticos en los puertos, o la construcción de mega-complejos residenciales han convertido al turismo en una amenaza para el entorno natural, para la economía y para la sociedad.

En 2019 repiten bandera negra muchas provincias que ya la han tenido en años anteriores. Entre las más destacadas están la playa de Costacabana en Almería, la playa de El Carmen en Barbate que sigue viéndose afectada por la falta de una nueva depuradora que aleje los vertidos de la desembocadura del río Barbate, o Lugo por los vertidos residuales a la ría de Viveiro, un problema que se prolonga desde hace ya más de una década.

A las zonas turísticas les encanta presumir de banderas azules, pero año tras año se demuestra que hacen muy poco para evitar estas banderas negras. Quizá, si esta información se difundiera tanto como la de la calidad de ciertas playas, desde los organismos públicos se tomarían las medidas necesarias para mejorar la calidad del entorno natural.

¿Qué se puede hacer para conseguir un cambio de modelo turístico?

Muchas zonas del interior, incluso las que conforman la España Despoblada, se han movilizado ya para conseguir un turismo sostenible que mejore el atractivo de estas regiones pero sin acabar con el estilo de vida tradicional.

Se está apostando por un turismo más cultural, invitando al turista a descubrir pequeñas maravillas del arte y la arquitectura que hasta ahora estaban escondidas en pequeñas localidades.

Otra alternativa es el turismo familiar. Muchos niños de ciudad no han visto nunca en vivo animales como una cabra, una vaca o una oveja. En muchos pueblos se organizan actividades en las que cualquiera puede ver de cerca cómo es el día a día de un pastor, o cómo se elabora el queso de forma tradicional. Acercando así una cultura ancestral a las generaciones más jóvenes.

También está la opción de las actividades deportivas y al aire libre. Senderismo en rutas más o menos complicadas, paseos a caballo, descenso de ríos, espeleología, etc.

En realidad, todo las actividades de turismo sostenible son especialmente atractivas para aquellos que prefieren huir del turismo de sol y playa, que cada vez son más.

Lo mejor es que este tipo de actividades turísticas se pueden llevar a cabo durante todo el año. Es decir, que una región que entra de lleno en el turismo sostenible se garantiza que siempre va a tener visitantes.

Mientras que en verano suelen llegar familias que quieren unas vacaciones diferentes, durante el invierno estas regiones son la opción ideal para parejas que buscan una escapada romántica o incluso para quienes sencillamente quieren huir unos días del ajetreo de la ciudad.

Acabar con la turistificación no implica acabar con el turismo, sino cambiar a un modelo más sostenible que sea más beneficioso tanto para los habitantes de las zonas turísticas como para los visitantes, la economía y el medio ambiente.

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