¿España Recicla?

Reciclaje
España ha avanzado mucho en materia del tratamiento de residuos sólidos urbanos (RSU). Analizamos el estado y el avance de España en esta materia.

Se entiende por residuos sólidos urbanos (RSU) aquellos que se generan en los núcleos urbanos, fruto de la actividad doméstica y comercial. La mayor parte corresponden a los residuos domésticos. Se incluyen también en esta clasificación aquellos otros residuos no identificados como peligrosos que, por su naturaleza o composición, pueden asimilarse a los anteriores. Una gestión eficaz de los residuos será la que aplique el principio de jerarquía, comenzando con la prevención y situando en último lugar la eliminación mediante depósito en vertedero, por ejemplo.

En España, desde que se aprobó la primera normativa en materia de residuos (Ley 101998, de 21 de abril, de Residuos) se ha avanzado mucho en este ámbito. Tanto las administraciones como los productores y los gestores de los residuos han aprendido de la experiencia y conceptos tales como la prevención, la producción y la gestión, así como los principios en los que se basan, han evolucionado de manera destacada.

En aquellos primeros años, la situación para llevar a cabo una política en materia de residuos era muy precaria, no existían estadísticas fiables y las fuentes de información eran muy variadas, lo que hacía difícilmente asimilables los datos. Además, estos eran muy escasos y heterogéneos, por tanto impedían la realización de análisis comparativos. Este hecho, unido a los cambios experimentados desde entonces en los hábitos de consumo y el desarrollo económico, hace inviable que las conclusiones de entonces puedan ser aplicables hoy día.

Actualmente, los residuos urbanos se encuentran regulados por medio de medidas de carácter jurídico: la Ley 222011, de 28 de julio, de residuos y suelos contaminados, que deroga la anterior Ley 101998; y el Plan Nacional Integrado de Residuos (PNIR) 2008-2015, actualmente en revisión. Desde finales de 2014 se les une el Programa Estatal de Prevención de Residuos 2014-2020, que contribuirá a impulsar la prevención y cumplir con las obligaciones comunitarias. A él se sumarán las medidas de prevención que las distintas Comunidades Autónomas y entidades locales vayan estableciendo al desarrollar sus respectivos planes y programas.

Es conveniente señalar que la gestión de los residuos comienza antes de que el residuo se produzca. De ahí la frase “el mejor residuo es aquel que no se produce”. Para conseguirlo, hay que adelantarse, actuando antes del consumo y haciendo de la prevención el objetivo.

La contribución europea

Entre los objetivos de la Comisión Europea está ayudar a los países que tienen más dificultades en la gestión de sus residuos a implantar planes que puedan ayudarles en la optimización de esa gestión. Condición indispensable es que apliquen de forma adecuada la legislación europea sobre residuos. En la última década se han conseguido numerosos avances, pero sigue siendo imprescindible seguir con las reformas y mejoras.

En este sentido, el depósito en vertedero o la incineración son las medidas últimas a aplicar en la gestión de los residuos. Cuando se llega a ellas es porque no se ha conseguido ir más lejos en los pasos intermedios: prevención, reutilización, reciclaje y compostaje.

Actuar en la prevención supone reducir la producción de residuos. Reutilizar es dar una nueva oportunidad al producto, un nuevo uso. Reciclar es volver a usar el producto, para lo cual ha de sufrir un proceso que lo devuelva a su estado original. Y hablar de compostaje es dejar que la materia orgánica se descomponga y mediante este proceso se transforme en abono que sirva para fertilizar la tierra.

Para poner en marcha la mayoría de estos procesos se necesita recurrir al tratamiento mecánico de los residuos, mediante el cual se realiza la separación selectiva. Este tratamiento, además de generar empleo, contribuye a reducir la presión sobre los recursos naturales. Por eso, se vuelve tan importante la aplicación de medidas económicas.

La Directiva Marco relativa a residuos habla de la aplicación de impuestos sobre el depósito en vertederos o sobre la incineración, señalando que podrían desincentivar la realización de tales prácticas e impulsando al mismo tiempo la prevención, la reutilización, el reciclado y el compostaje. De este modo, se contribuye a la disminución de los residuos y del impacto que generan sobre los recursos naturales. Otras medidas útiles, recogidas en la misma Directiva Marco, son el seguimiento estadístico, la intensificación de la recogida selectiva en origen y el incremento de la participación pública.

Durante las dos últimas décadas, numerosas infraestructuras de equipamiento para la recogida selectivatratamiento mecánico de residuos fueron financiadas con los Fondos FEDER, destinándose un importante porcentaje de estos fondos a la desgasificación y el sellado de vertederos, una de las vertientes más problemáticas de la gestión de residuos en España en los últimos años.

Para que un proyecto de gestión de residuos pueda ser financiado por los Fondos Estructurales FEDER y el Fondo de Cohesión de la Comunidad Europea, la condición es que ha de ser coherente con la jerarquía de residuos y debe ayudar al resto de países a cumplir con objetivos vinculantes como el de reciclar el 50% de los residuos urbanos.

Situación actual del reciclaje en España

En España, en el reciclado operan Ecoembes, que trata todos los materiales presentes en los envases y Ecovidrio, que gestiona solamente el vidrio. Ambos funcionan como Sistemas Integrados de Gestión.

Las cifras en cuanto al reciclado de vidrio y envases son muy positivas y está práctica se ha ido incrementando con los años. Según datos de Ecoembes, en España, en 2013, se alcanzó una tasa de reciclaje en envases ligeros y envases de cartón y papel cercana al 72%, superando en 17 puntos los objetivos marcados por la Unión Europea, que había fijado una tasa del 55%. En el caso del vidrio, España se sitúa en unas cifras de reciclado del 67%, un poco por detrás de la media europea, que es del 70%.

Gracias a la práctica del reciclaje se ha reducido enormemente el uso de materias primas, las emisiones de CO2 y la energía consumida en la fabricación de envases nuevos, afectando de modo muy positivo al medio ambiente.

Sin embargo, sigue habiendo un caballo de batalla pendiente y es el de la fracción resto o rechazo, que hace referencia a los residuos que quedan, una vez se separan los otros elementos presentes en la basura: vidrio, envases ligeros, papel-cartón y los residuos especiales que van al Punto Limpio.

Aquí aún queda una labor muy importante por hacer, que se sitúa principalmente en la segregación en origen. De un lado, se reconoce una carencia importante en muchas entidades locales que no disponen de las infraestructuras necesarias para realizar adecuadamente la recogida selectiva; de otro, sigue faltando una apuesta decidida por parte del ciudadano para dar un paso más en su colaboración con el reciclaje. Se ha conseguido, con el paso de los años, concienciar al ciudadano sobre la importancia del reciclaje y lo ha visto muy claro en elementos como el vidrio, el papel-cartón, los plásticos y las latas; pero cuando se trata de la fracción resto, entran otros elementos en juego.

En este “resto”, el componente orgánico ocupa el mayor porcentaje. De hecho, la fracción orgánica se sitúa en torno al 42% del total de los residuos domésticos. Y aquí todavía se puede actuar, separando la materia orgánica para utilizarla en la fabricación de abono natural o compost. Son numerosos los pequeños núcleos urbanos que se están incorporando a esta práctica y habilitan recintos especiales donde los ciudadanos pueden depositar los restos de poda de sus jardines particulares o comunitarios. El abono resultante del proceso de compostaje será utilizado para el abonado de los jardines públicos. Al mismo tiempo, son numerosos los ciudadanos que se han sumado al consumo de alimentos libres de sustancias químicas y utilizan este compost para abonar sus huertos.

Pero aún se puede dar un paso más y el ciudadano que no dispone de jardín también puede separar los restos orgánicos para que puedan ser destinados al compostaje. Aquí entra en juego, además de la voluntad y la sensibilidad ambiental de los gestores municipales, la propia conciencia ambiental del ciudadano y su voluntad de implicarse en el proceso.

Las fórmulas son muchas: recogida selectiva; recogida “puerta a puerta”, por parte de los servicios municipales, para integrar estos residuos con el resto de la fracción orgánica que se recoge de jardines públicos y privados; constitución de huertos comunitarios para uso de los ciudadanos, en los que puede ponerse en práctica el proceso de compostaje con los residuos orgánicos aportados por los vecinos; etc.

No obstante, el tratamiento de la “fracción resto o rechazo” sigue siendo una asignatura pendiente, tanto para las autoridades políticas como para los ciudadanos en general. Hay comunidades autónomas en las que este proceso está algo más avanzado, como sucede en el País Vasco, pero en la mayor parte esta fracción acaba en el contenedor verde, donde se incluye todo lo que no tiene otro lugar al que ir. La labor de información, educación y sensibilización hacia el cuidado de los recursos naturales es fundamental. Las campañas de educación y sensibilización ambiental siguen siendo muy necesarias y la escuela tiene una importante labor que realizar. El objetivo final es tender a cero residuos.

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