Natura y cultura, el ecoturismo

El concepto que subyace en el término ecoturismo está irremediablemente unido al de sostenibilidad, integrando los valores naturales y culturales.

El concepto que subyace en el término ecoturismo está irremediablemente unido al de sostenibilidad, integrando los valores naturales y culturales de forma inseparable. Su desarrollo supone una magnífica oportunidad para la recuperación, conservación y puesta en valor del patrimonio natural, cultural y la biodiversidad de los territorios a los que todos tienen derecho.

En el artículo 45 de la Constitución Española se recoge este sentir, expresando que un medio ambiente adecuado es necesario para asegurar el desarrollo del ser humano, por lo que es obligación de todos conservarlo y muy especialmente de los gobernantes. En esta línea, se manifiesta en el citado artículo, que aquellos que detentan los poderes públicos tienen la obligación de controlar que los recursos naturales sean utilizados de forma sostenible. En el caso de violación de estos preceptos, serán estos mismos poderes los encargados de aplicar las sanciones administrativas o penales que pudieran corresponder, así como de velar para que se restituya el daño causado.

La única manera de garantizar que esto sea posible es gestionando de manera responsable este patrimonio. De este modo, además de posibilitar su propia capacidad de regeneración, se asegurará su mantenimiento para las generaciones futuras.

Según datos facilitados por Exceltur (asociación sin ánimo de lucro, formada por 25 de las más importantes empresas relacionadas con el sector del turismo), la aportación del sector turístico al PIB, en España, cerró 2014 superando el 11%, una de las cifras más elevadas de la última década, confirmando al turismo como principal motor económico del país. Ahora bien, si se quiere que este sector continúe en alza, habrá de aportar un mayor valor añadido y para ello deberá dotarse de un funcionamiento más eficiente que inevitablemente pasa por diseñar políticas que acojan empleo verde, apliquen medidas que favorezcan la sostenibilidad e impulsen el desarrollo social.

El turismo tradicional tiene un tremendo impacto en el territorio y en el medio ambiente, motivado por las grandes infraestructuras que lo sustentan, los masivos desplazamientos que genera y que tienen una huella indiscutible en la contaminación ambiental, y la importante demanda de energía que precisa para funcionar. A ello hay que añadir el impacto directo que ocasiona en los recursos del territorio, tanto naturales como ambientales, y en las poblaciones.

La creciente preocupación por el cambio climático está obligando a un replanteamiento de los esquemas de sostenibilidad de las actividades turísticas, es necesario apostar por un avance más intenso del turismo convencional hacia la sostenibilidad, tanto desde el punto de vista estratégico como desde el punto de vista operativo. El papel de la industria hotelera es crucial en este terreno, ya que su gran capacidad de generar impactos conlleva también una gran capacidad para su reducción. En este sentido, se debe exigir más en aspectos como la eficiencia energética y la aplicación de buenas prácticas, exigibles tanto a la industria como a los propios turistas.

La aplicación de estos esquemas de sostenibilidad es aún más sensible cuando la actividad se lleva a cabo en espacios naturales, paisajes rurales y espacios protegidos. En esta línea, la atención a la capacidad de carga ambiental y social de los ecosistemas y de las poblaciones locales es condición fundamental para la sostenibilidad.

El mundo es cada vez más global y enormemente dinámico, lo que obliga a los diferentes sectores económicos a adaptarse de forma rápida y continua a los cambios ambientales, sociales, económicos, etc. que se van produciendo y que no siempre se pueden prever, pero que, sin embargo, tienen consecuencias importantes para la vida, tanto positivas como negativas.

Un turismo no planificado y desordenado implica graves impactos para el medio ambiente y las comunidades locales. Es preciso tratar de buscar un equilibrio entre el consumo que se hace de los recursos, la distribución de los beneficios y la implicación de las comunidades locales. Está claro que son posibles otras formas de hacer turismo, y el ecoturismo es una de ellas. Se ha de tender hacia un mayor respeto a las poblaciones locales y hacia una búsqueda no solo de la sostenibilidad ambiental, sino también de las estructuras productivas y sociales de ámbito local. Las claves fundamentales son siempre las mismas: sostenibilidad ambiental y paisajística, respeto a la identidad y valores culturales locales, uso responsable de los recursos, primacía de la mano de obra y de los productos del territorio, entre otras.

Hay que otorgar mayor protagonismo a las poblaciones locales y a sus peculiares estructuras organizativas y sociales, de modo que puedan integrar la actividad turística con el resto de sus actividades productivas en el marco de un desarrollo sostenible y un turismo responsable.

Para ello es indispensable dotarles de una formación y capacitación adecuadas que les brinden la oportunidad de convertirse en protagonistas de su propio destino. Se trata de facilitarles las herramientas que hagan posible que sean ellos mismos, los pobladores de esas comunidades, los gestores de sus negocios de ecoturismo y de aquellos otros productos afines que pueden incorporarse, si ya existen, o desarrollarse en paralelo o a posteriori, y que van a ser complementarios de este tipo de turismo. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con los productos locales, sean artesanos, gastronómicos o de otro tipo.

En general, puede decirse que existe un importante desequilibrio entre lo que ofrecen las comunidades a las que llega el turismo y lo que este mismo turismo demanda, poniéndose especialmente de relieve en el caso del ecoturismo. La solución, en parte, se encuentra en posibilitar la formación adecuada a estas comunidades para que puedan dar cumplimiento a las necesidades de sus potenciales clientes. La otra parte de la solución le corresponde al turista, que ha de modificar sus hábitos de comportamiento si de verdad asume el concepto de ecoturismo.

Las poblaciones situadas dentro y en el entorno de espacios naturales son poblaciones pequeñas y, en numerosas ocasiones, con escasas posibilidades de desarrollar una economía local que les permita mantenerse en el territorio. La implantación del ecoturismo puede posibilitar el mantenimiento de la economía local e incluso desarrollar una economía verde, siempre que se dote a estas comunidades de las herramientas apropiadas, evitando con ello el despoblamiento.

Para que esta actividad se desarrolle adecuadamente y se consolide como un sector que colabora en el mantenimiento y la mejora de las economías locales se deben cumplir tres requisitos básicos:

  • Habrá de permitirse la participación en la planificación de todos los sectores interesados de manera que se garantice la preservación de los recursos.
  • Los servicios suministrados se ajustarán a las expectativas de los visitantes. El visitante quiere calidad.
  • Es fundamental que las poblaciones locales perciban de modo positivo este nuevo uso que se desarrolla en su territorio, donde van a compartir actividad, y que este nuevo uso se compatibilice con el resto de usos de manera adecuada.

A pesar de todo, resulta interesante señalar que la actual situación de crisis económica ha hecho pasar la sostenibilidad a un segundo plano ante las necesidades de supervivencia inmediata y la visión a corto plazo. Por ello es necesario incorporar lo aprendido en casos de éxito, basados en experiencias de turismo sostenible a pequeña escala, porque crean empleo y futuro mientras favorecen la conservación de los recursos y la mejora de las condiciones de vida en el territorio.

Es el caso del turismo enológico y del turismo gastronómico, ambos cada vez con mayor auge y cada vez más ligados también al ecoturismo. La razón de ello se encuentra en que ambos se desarrollan en el medio rural y en numerosas ocasiones ligados a entornos de gran relevancia por su patrimonio natural, cultural o simplemente paisajístico.

El turismo enológico, también denominado enoturismo, es el que tiene que ver con todo lo asociado con la cultura del vino: cultivo, vendimia, elaboración, conservación y disfrute. Al ser una tradición muy antigua, se integra en ella la parte de patrimonio monumental que representan las bodegas, muchas de ellas visitadas por el turista; la parte museística, que enseña cómo se llevaba a cabo el proceso cuando la elaboración era fundamentalmente artesanal; el disfrute del producto a través de la cata que se realiza en numerosas bodegas y, por supuesto la parte comercial de venta del producto. La última novedad en este ámbito es la incorporación del vino en las terapias de salud y belleza, provocando el nacimiento de un sector que, combinando estos elementos, ha sido capaz de generar empleo y potenciar la diversificación de la economía local.

Lo mismo cabe decir en relación con el turismo gastronómico o gastroturismo, que se ocupa de poner en valor los productos que ofrece un territorio, procedentes de la agricultura y la ganadería, elevando a una categoría de calidad y excelencia que atrae a los amantes del paladar. Estos productos se configuran, de este modo, en el atractivo principal para un determinado tipo de turista.

En conclusión, ambos tipos de turismo funcionan porque lo hacen en combinación con otros elementos que ofrece el entorno, puede ser paisaje, naturaleza, cultura, monumentos, actividades de ocio, etc., elementos que son de interés para el visitante y que consiguen aunar turismo y desarrollo social de forma equilibrada y exitosa para el sector.

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