¿Por qué WfCP?

¿Por qué WfCP?
La certificación WfCP permite mejorar la competitividad de una bodega medioambientalmente sostenible mostrando su compromiso con el producto y el entorno.

La industria vinícola, situada dentro del sector agrícola, es una de las más antiguas en España. El 80 % del vino comercializado a nivel mundial es producido únicamente por ocho países, de los cuales España ocupa el tercer lugar, solo por detrás de Italia y Francia.

Según los datos suministrados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la producción anual española suele situarse en una media de 40 millones de hectolitros, de los cuales más de la mitad se dedican a la exportación y unos 10 millones son destinados al consumo interior. Esta alta producción y el relativamente bajo consumo del propio país (que se ha reducido a la mitad en las últimas dos décadas), suponen que la mayor parte del vino elaborado esté abocado a la exportación. Francia, Italia, Portugal y Alemania constituyen los principales clientes en volumen de producto.

El sector vitivinícola factura en España en torno a 7.000 millones de euros al año y da empleo a más de 25 000 personas. En nuestro país se encuentra la mayor superficie mundial de viñedos, con Castilla-La Mancha a la cabeza. Las principales variedades de uva plantadas en España son la blanca Airén, seguida de Tempranillo, Bobal y Garnacha, todas ellas tintas.

A pesar de que la extensión de viñedos ha ido reduciéndose paulatinamente en la última década, existe una tendencia media de crecimiento en la producción, lo que refleja una importante mejora en el rendimiento. Así, se ha pasado de 29,3 litros por hectárea en el año 1998 a 40,7 l/ha en 2016.

La Comisión Europea presentó el 1 de junio de 2018 sus propuestas legislativas acerca del futuro de la Política Agraria Común (PAC), con la mejora del rendimiento como uno de sus objetivos. Pero otro eje importante lo constituyen los objetivos medioambientales, en cuanto a la mitigación y adaptación al cambio climático, el fomento del uso sostenible de los recursos naturales y la protección de la biodiversidad.

La política europea va encaminada, por tanto, no solo al aumento del rendimiento de las empresas productoras de vino y su adaptación a las demandas del mercado, sino también a conseguir una viticultura sostenible.

La viticultura como motor del desarrollo sostenible

La actividad vinícola contribuye al desarrollo sostenible de las regiones desde el punto de vista económico y sociocultural a través, por ejemplo, de actividades como el enoturismo. Pero también favorece el desarrollo sostenible mediante la explotación agrícola-industrial del patrimonio natural del medio. Los viñedos, en sí mismos, como sistemas de explotación, favorecen la fijación de dióxido de carbono, generan un efecto de cortafuegos y actúan como corredores y refugio de fauna. En ciertas ocasiones, además, contribuyen a la preservación de especies vegetales autóctonas.

Si se maneja adecuadamente, el viñedo también puede proteger el suelo contra la erosión. Esta capacidad adquiere especial relevancia en territorios con baja capacidad de uso, en los que es difícil que se implante la vegetación y que puedan desarrollarse otros cultivos que no sean el de la vid. El desarrollo de los viñedos puede actuar en estos suelos protegiéndolos frente a la degradación.

Pero para ejercer su efecto positivo, sin externalidades negativas, es necesario alcanzar la sostenibilidad del sector vinícola, implicando a todas las etapas del proceso de vinificación: la producción y vendimia de la uva, el procesamiento en bodega y la distribución del producto final.

Para ello deben tenerse en cuenta factores generales, como la gestión del agua, la energía y los residuos, tanto en el viñedo como en la bodega, y factores específicos de cada etapa del proceso, como el uso de fertilizantes y fitosanitarios o el tratamiento de efluentes. En el caso de nuevas plantaciones es necesario atender al adecuado emplazamiento del viñedo o la selección de variedades, considerando su influencia sobre la biodiversidad.

La contribución del sector vinícola a la sostenibilidad ambiental adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta la sensibilidad del cultivo de la vid a los cambios climáticos, que pueden ocasionar un elevado impacto sobre la calidad del vino. Por tanto, además de la mejora en la competitividad y el cumplimiento de la legislación medioambiental comunitaria, la propia supervivencia y el mantenimiento de la calidad del producto están impulsando el desarrollo de nuevos sistemas para certificar el compromiso medioambiental de los productores.

Certificado Wineries for Climate Protection (WfCP)

El certificado Wineries for Climate Protection es la primera certificación de sostenibilidad ambiental específica del sector vinícola, desarrollada por la Federación Española del Vino (FEV) y con aplicación a nivel nacional. La iniciativa surgió en el año 2011 tras la celebración en Barcelona de la jornada Wineries for Climate Protection, en la que se reunieron los responsables de las bodegas y autoridades nacionales e internacionales. Como resultado de esta sesión se publicó la Declaración de Barcelona y el decálogo de compromisos para la adhesión a WfCP.

Entre los compromisos desarrollados, por ejemplo, se reflejó la necesidad de reducir la huella de carbono por botella de vino producida. La utilización de fuentes energéticas alternativas para cubrir los requerimientos térmicos de la bodega, la optimización del uso de agua, la reducción del empleo de productos químicos o la revalorización de subproductos como nueva materia prima de producción fueron otras de las medidas ambientales que se consideraron. También se estudió la introducción de técnicas de ecodiseño y se puso de relieve la necesidad general de desarrollar líneas de investigación e innovación.

Posteriormente, entre dichos compromisos se seleccionaron los cuatro criterios de evaluación para certificar a la bodega medioambientalmente sostenible: reducción de gases de efecto invernadero (GEI), reducción de residuos, gestión del agua y eficiencia energética y energías renovables.

Pasos a seguir para obtener el sello WfCP

Para obtener el certificado WfCP por primera vez, las bodegas deben someterse a una auditoría por parte de una entidad certificadora (alguna de las entidades acreditadas para realizar auditorías ISO 14 001 en el sector de la elaboración de bebidas y verificaciones de GEI), que determinará si la organización alcanza la puntuación requerida en cada uno de los ejes de actuación.

Para ello se medirá su huella de carbono, incluyendo el transporte de las materias primas y envases hasta la bodega, así como el transporte del producto terminado hasta el suministrador. Se llevará a cabo la determinación de su consumo de energía y agua, así como la medición y la caracterización de los residuos y subproductos generados (vínicos, de proceso y envases). Si el resultado de esta auditoría es positivo, la organización podrá obtener el certificado.

Pero el esquema WfCP está además orientado hacia la mejora continua, por lo que para renovarlo cada dos años es necesario alcanzar un incremento de la puntuación en cada uno de los criterios. Por tanto, para lograr su renovación las bodegas deben establecer un plan que comprenda acciones de reducción. A continuación, deben comprobar el impacto de las acciones implantadas y actuar sobre aquellas cuyo resultado no sea el esperado.

La bodega medioambientalmente sostenible poseedora del certificado WfCP no puede mostrar el logotipo en el producto, pero sí a nivel de organización: en su página web y redes sociales o en comunicaciones comerciales, institucionales, corporativas o de cualquier otra índole. Esta distinción permite mostrar a las bodegas, ante todos los agentes de la cadena de valor del vino (clientes, proveedores y consumidores), su compromiso en el ámbito de la protección del medio ambiente y el desarrollo de una viticultura sostenible.

Teniendo en cuenta el creciente valor añadido que supone el compromiso con la responsabilidad medioambiental, esta certificación puede suponer para las organizaciones notables ventajas competitivas y comerciales, tanto a nivel nacional como para el mercado internacional. Así, poseer un certificado medioambiental resulta prácticamente indispensable para alcanzar relevancia a escala internacional en un mercado cada vez más exigente.

Bodegas y viñedos certificados

En 2015 fue lanzado de forma oficial el certificado Wineries Climate Protection. Las empresas pueden decidir, en el momento de la solicitud, la inclusión de la fase vitícola vinculada a la elaboración que se lleva a cabo en su bodega. Esto significa que las compañías pueden obtener el sello WfCP únicamente para sus bodegas o también para sus viñedos asociados.

Bodegas Campo Viejo, Vinos & Cavas Perelada, Bodega Finca La Estacada, Bodega Soledad, Viña Mayor, Bodegas Fontana, González Byass y Raimat fueron las primeras bodegas en obtener el sello medioambiental en el año 2016. En 2017 se incorporaron Segura Viudas, Bodegas Luzón, Aroa Bodegas y Familia Torres.

En 2018 se han adherido Vilarnau, Gramona, Bodegas Matarromera, Carlos Moro, Criadores de Rioja y Ramón Bilbao. Esta última, perteneciente a la compañía familiar Zamora Company, ha sido la primera organización en obtener la distinción WfCP tanto para la bodega como para sus viñedos situados en La Rioja. Con ello, certifica su compromiso medioambiental no solo a nivel de la transformación de la vid y posterior gestión del producto, sino también en cuanto al cuidado de los cultivos y su manejo respetuoso y sostenible.

El certificado WfCP constituye, por tanto, una herramienta indispensable para poner en valor la implicación de los productores no solo con la calidad de su producto, sino también con la sostenibilidad del sector vinícola en todos sus niveles.

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