Sentido Común (Parte 2)

Contamos un caso real sobre como un negocio puede fracasar si no lo analizamos desde todas las perspectivas y lo conocemos en profundidad.

Siguiendo con los artículos que me pidió la escuela, me acordé de un caso que me contó un amigo de un banco –un caso real

A un compañero del banco que era el encargado de un banco, que recibió una petición por parte de Margarita García.

Margarita García se había  trasladado a vivir a la sierra madrileña a una casa familiar y estaba planeando su nueva aventura profesional. Al lado de su casa existía un terreno cultivable en alquiler y sabía de buena tinta que los tomates crecen muy bien en esta zona, y que tienen además un mercado bastante amplio. Por lo tanto se planteó el siguiente análisis (que presentó como plan de negocio)

La producción anual que estimaba con lo que había investigado y con lo que le habían contado de la zona, era de un millón de tomates (aproximadamente van 5 tomates por kilogramo). El precio de venta por kilo tras hablar con varios comerciantes estaría sobre 0,5 euros el kilogramo.

Había hecho un estudio de los precios de los materiales y recursos a utilizar:

  • Las semillas a utilizar serían de 0,05 euros por kilogramo
  • El consumo de agua sería de 0,01 euros por kilogramo de tomate
  • El consumo de abonos sería de 0,09 euros por kilogramo de tomate

Pensaba contratar dos personas con  un coste laboral por mes de 1.500 euros cada uno, y que se dedicarían a plantar, regar, abonar…

Los costes administrativos calculados de 1.200 euros.

En principio, el negocio parecía rentable y las ganancias en los primeros años no serían demasiadas pero se consolidarían con el paso del tiempo.

Cuando se encontraba realizando este análisis una de las personas consultadas le comentó que los establecimientos y bares de la zona le podrían comprar tomate rallado para desayunos.

Por lo tanto y tras pensarlo decidió dedicar la mitad de la producción a este menester.

Le pagarían 0,70 euros por kilogramo de tomate rallado.

Tenía además que comprar una maquinaria para rallar el tomate que costaría 3.000 euros y con 2 años de vida útil. Asimismo tendría que contratar por 1500 euros adicionales a una persona que se dedicaría a rallar el tomate. Los envases para el tomate rallado cuestan un 0,02 euros por envase.

Estos números se presentaron en el banco al encargado de conceder los créditos y éste recordó un análisis llamado análisis diferencial que había visto en la carrera.

Este consiste en analizar los ingresos de la nueva alternativa de negocio, en este caso todo lo que surge adicionalmente como consecuencia de aceptar esta alternativa.

El empleado del banco, realizó el análisis correspondiente y vio con agrado que los números salían incluso mejor. Así, se lo comunicó a Margarita, reafirmando el segundo plan de negocio que ésta le había presentado.

Margarita decidió finalmente dedicar toda la producción a tomate rallado y pidió incluso más dinero, con un tercer plan de negocio.

El crédito fue concedido y el negocio comenzó su andadura.

Pasado el tiempo, el encargado de conceder los préstamos vio cómo Margarita encontraba problemas para devolver el préstamo con unos costes muy parecidos a los que había presentado

El empleado repasó una y otra vez los números presentados y el análisis estaba bien hecho. Estaba empezando a desesperarse porque no entendía lo que pasaba.

Al llegar a casa, se lo comentó a su mujer, y ésta muy seria lo miró y le dijo: ¿desde cuándo un kilogramo de tomates es igual a un kilogramo de tomates rallados? ¿No te das cuenta de todo lo que se pierde rallándolo?

Podemos analizar con las mejores técnicas nuestros negocios, pero siempre es esencial que conozcamos nuestros negocios – de otra manera fracasaremos.

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